La producción de objetos o de alimentos que representan a una comunidad suelen                                                                                                                          ser los elementos que más se buscan al momento de requerir algo autóctono en                                                                                                                              cada región.

 

Un caso emblemático, que hemos realizado con notable éxito en países de Latinoamérica y en regiones donde lo tradicional es una de las bases de la identificación e ingresos genuinos, es el de la producción de alimentos derivados, fundamentalmente, de leche de cabra.

Los quesos son uno de esos elementos y, para ayudar en la producción, es que se desarrolló el proyecto que se ve en la imagen.

 

Participaron Universidades, Municipios, Bancos e industrias y, por supuesto, quienes producían los quesos de leche de cabra.

Los productores son familias que viven en regiones rurales y representan ya varias generaciones de habitantes de esos lugares.

 

El esquema es relativamente sencillo. Tomamos inicialmente un grupo de 2 familias que poseen sus propios animales y producen queso. Utilizaban, hasta el momento, máquinas prácticamente caseras.

Analizadas las mismas por una industria que podría fabricar algo mejor y más "productivo" se desarrolló un esquema en el cual intervenía un Banco dando un leasing a las familias como si fuese un microcrédito con pocas garantías.

 

Las máquinas tenían un condicionamiento. Debían respetar "lo artesanal". No debía haber funciones reemplazables sino optimización de las formas de producción tendientes hacia la velocidad, cantidad, mantenimiento de la calidad original, etc.

 

Estas familias recibían la máquina que denominamos "Máquina 1" que producía alrededor de 200 quesos por semana. Ellos tenian una producción de aproximadamente 100 quesos y con altibajos.

Se analizó el mercado y se verificó que, habitualmente, vendían en una semana todo lo que producían y que si pasaban de producir 100 a 200 unidades, podrían colocarlas también en el mercado y enfrentar días de mayor venta sin necesidad de ver cómo reponían para los días siguientes.

 

Mientras estas familias se afianzaban en su nuevo esquema productivo, la industria que había desarrollado la "Máquina 1" ya tenía en armado la "Máquina 2" que llegaba hasta 500 unidades semanales.

 

El mercado seguía analizándose por parte de la Universidad local. Se detectaron así los días de mayor afluencia de turistas (principal mercado de estos productos) y se establecieron temporadas en el año en que dicha afluencia podría estar en su tope máximo.

 

Esto hacía que esas dos familias que primero se unieron al proyecto tuvieran la posibilidad de crecer abarcando más lugares donde colocar sus productos.

En ese momento es que devuelven a la fábrica que hizo las máquinas la "Máquina 1" y reciben la "Máquina 2" para producir más del doble de quesos pero, lo más importante, sabiendo y pudiendo colocarlos en el mercado.

 

La "Máquina 1" que retornó a la fábrica fue puesta en condiciones y se entregó a dos nuevas familias que ya estaban también en la industria y que cubrían otra parte de la región.

 

El mercado se amplió de los turistas a ciudades turísticas y luego a tiendas de ciudades importantes que ahora tenían productos regionales junto con los industrializados.

También se propició la creación de comercios dedicados exclusivamente a productos regionales tanto en ciudades turisticas cuanto en grandes urbes.

 

El esquema que siguió es fácil de suponer: cada grupo familiar que ingresaba al sistema recibía la Máquina 1 (vale aclarar que la primera Máquina 1 logró dar 5 vueltas en el esquema del leasing antes de ser reemplazada por una totalmente nueva).

A medida que crecía su posibilidad de colocar productos (por tener más puntos de venta o desarrollar otras formas de presencia en el mercado) se iban reemplazando las Máquinas. Así pasaron de la Máquina 1 a la 2 y luego a la 3.

El mismo estudio de mercado determinó que este era el límite. Más producción solo afectaría al mercado y a sus integrantes.

 

El paso final fue lograr que, a través del gobierno y los mismos bancos, se llegara a exportar el producto.

Si bien cambió el esquema, cada familia del proyecto participaba con parte de su producción (lo cual le aseguraba colocar siempre la totalidad de lo que produjeran siempre que no lo vendieran localmente) y se propuso a familias que fueron analizadas especialmente, dedicarse de lleno al comercio exterior. Los originales que quisieron seguir con su esquema primario, continuaban allí y aportaban cuado era necesario al comercio exterior.

Otras prefirieron pasar al sistema de producir para exportar lo cual las llevó a otro nivel pero, a su vez, dejaron espacio para que otros grupos familiares ocuparan sus lugares en el comercio local.

En todo el continente, el tema de las industrias regionales es un capítulo especial. Si además, esas industrias se corresponden con temas autóctonos y quienes las llevan adelante son familias, con más razón merecen un tratamiento diferencial.

Tiene que ver no solo con lo comercial sino con la conservación de usos y costumbres que las grandes urbes y determinados factores del progreso terminan haciendo que se pierdan.

 

Suele decirse que son empresas de un nivel social que producen para otro nivel social. Pero eso no influye en la necesidad de financiamiento que puedan tener y en lo valioso que puede ser para una región, y hasta para un país, que se conserven determinadas formas de hacer las cosas.

 

En todo el mundo, la gente desea obtener cosas "originales de cada país o región". Esas cosas originales pueden existir si las culturas se mantienen y se transmiten.

Más de 180.000 grupos familiares pueden generar industrias regionales y autóctonas en alrededor de 2000 municipios